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Semilla Nueva desarrolla, mediante mejoramiento genético convencional (no transgénico), variedades de maíz biofortificadas con mayores niveles de zinc, hierro y proteína, y las hace accesibles a agricultores de bajos ingresos, principalmente en Guatemala y África subsahariana. El maíz que producen esos agricultores nutre tanto a sus propias familias como a los consumidores que lo compran en los mercados locales.
Su objetivo principal es reducir la desnutrición crónica, y lo intenta a través de un modelo que aspira a ser sostenible y escalable al insertarse en las dinámicas del mercado y del Estado. Este modelo combina tres apuestas: mejorar la nutrición de quienes consumen maíz, aumentar los ingresos de los agricultores gracias a semillas de mayor rendimiento, y fortalecer la resiliencia climática de los cultivos frente a sequías, plagas y tormentas. La organización se asocia con comercializadoras de semillas, gobiernos y ONG para producir y distribuir las semillas a precios subsidiados, y aspira a escalar el modelo a través de subsidios estatales.
En 2025, a través de 11 empresas asociadas, cerca de 50.000 agricultores cultivaron y vendieron maíz biofortificado, llegando a alimentar a más de 1,14 millones de personas.
La teoría del cambio de Semilla Nueva depende de la biofortificación. Sabemos, por estudios de terceros, que el maíz con proteína de calidad mejora el crecimiento infantil (Gunaratna et al., 2010) y que el zinc de maíz biofortificado es tan absorbente como el de harina fortificada (Chomba et al., 2015). Sabemos también que sus semillas efectivamente contienen más zinc, hierro y proteína que las convencionales (Semilla Nueva, 2026). Lo que todavía no hay es un estudio que resuelva si las familias que consumen el maíz de Semilla Nueva tienen como resultado menos desnutrición o anemia.
Esta brecha no es exclusiva de Semilla Nueva. Y no ocurre por falta de vocación para medir. Ocurre porque hay buena evidencia que permite asociar fortificación con mejoras de salud en contextos similares, y porque la evaluación de impacto sobre la salud toma más tiempo que otras evaluaciones. Sanku, una organización que instala dosificadores automáticos para fortificar harina de maíz con hierro, zinc y ácido fólico en África Oriental (GiveWell, 2017), construye su caso de la misma manera: se apoya en la literatura general sobre fortificación de alimentos (por ejemplo, la reducción de anemia lograda al fortificar salsa de soya en China) para justificar el mecanismo, mientras mide directamente outputs de distribución, molinos activos, población con acceso a harina fortificada, y no el estado nutricional final de esa población (GiveWell, 2017).
En 2025, GiveWell le aprobó a Semilla Nueva un grant para completar un estudio de absorción de hierro y zinc en niños guatemaltecos (GiveWell, 2025). Su estimación es que el programa es entre 3 y 8 veces más costo-efectivo que las transferencias monetarias, lo que es bastante bueno, aun cuando no alcance el nivel de costo-efectividad máximo que otorga GiveWell.
Llama la atención que la propia Semilla Nueva reporte en su sitio web una cifra de rentabilidad bastante más alta: 20 veces más costo-efectiva que las transferencias monetarias, y un costo por DALY (AVAD) evitado de $88 (Semilla Nueva, 2026), que es similar a las cifras de las mejores organizaciones referenciadas por GiveWell. Esa discrepancia entre las estimaciones de GiveWell y las de Semilla Nueva es la inquietud más importante que nos queda al revisar este caso.
Respecto a los objetivos de escalabilidad, pasar de los cerca de 50.000 agricultores guatemaltecos actuales a alimentar a 10 millones de personas en la región para 2030 (Semilla Nueva, 2026), depende casi por completo de que los gobiernos sostengan y amplíen los subsidios que hacen competitiva la semilla. Es emocionante ver que los programas sociales tengan objetivos grandes, pero en este caso alcanzar esa meta depende demasiado de la voluntad del Estado para sostener sus buenas intenciones.
El problema
Desnutrición
La desnutrición crónica infantil (retraso en el crecimiento o stunting) es uno de los problemas de salud pública más graves de Centroamérica. En Guatemala, cerca del 47% de los niños y niñas menores de cinco años sufren desnutrición crónica, la tasa más alta de América Latina y una de las más altas del mundo, más de cuatro veces el promedio regional (11%) (UNICEF, OMS y Banco Mundial, 2022). En algunos municipios del altiplano occidental, donde vive la mayoría de la población indígena, la prevalencia supera el 60-90% (Milovich & Villar, 2022). Los efectos de la desnutrición crónica en la primera infancia sobre el desarrollo cognitivo, el desempeño escolar y los ingresos futuros están bien documentados y son, en gran medida, irreversibles una vez consolidados los primeros 1.000 días de vida.
La importancia del maíz en Guatemala
El maíz es la base de buena parte de la dieta guatemalteca, lo que hace que pequeños incrementos en su contenido nutricional tengan, en principio, un alcance poblacional amplio sin requerir que las familias cambien de comportamiento, a diferencia de intervenciones que dependen de que adopten nuevos alimentos o prácticas de crianza. Este es el argumento central de tractabilidad del programa: en vez de diversificar dietas se aprovecha un alimento que las familias ya cultivan, compran y consumen.
Fallas del mercado
Semilla Nueva diagnostica el problema como una falla de mercado. Identifican tres razones por las que el maíz biofortificado no llega a los agricultores por sí solo:
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ni los consumidores ni los agricultores están dispuestos a pagar más por maíz nutritivo, lo que desincentiva su desarrollo comercial;
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sin subsidio, la mayoría de los agricultores pobres no puede costear semilla mejorada; y
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sin un mercado consolidado, las empresas semilleras locales no invierten en desarrollar variedades de mayor rendimiento ni biofortificadas.
Este diagnóstico es más cercano al de una firma de comercio agrícola que al de una ONG de desarrollo tradicional, y es también la base de su teoría del cambio: si el problema es de mercado, la solución tiene que corregir los incentivos del mercado, no solo entregar semilla de manera asistencial.
Teoría del cambio
La pregunta original de Semilla Nueva es: si se pudiera hacer financieramente favorable para los agricultores sembrar maíz más nutritivo, ¿lo adoptarían lo suficiente como para reducir las deficiencias nutricionales a gran escala? Por el momento la respuesta es positiva, pero el desenlace favorable en el largo plazo depende enteramente de subsidios del Estado.
¿Cómo?
Hay básicamente 4 momentos que se siguen para desplegar el modelo impacto.
Insumos
El punto de partida no es investigación propia de Semilla Nueva sino de terceros. Cada año, bancos de semillas y empresas semilleras desarrollan variedades de maíz de alto rendimiento y resistentes al clima. Ese trabajo de mejoramiento agronómico ya existe y Semilla Nueva simplemente lo identifica (Semilla Nueva, 2026). En paralelo, CIMMYT (el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo) y otros bancos de germoplasma aportan variedades naturales con alto contenido de zinc, hierro y proteína de calidad, que tampoco son creación de Semilla Nueva sino recursos genéticos preexistentes que la organización tiene licencia para usar (GiveWell, 2025; Talsma & Pachón, 2017).
Mejoramiento genético
El trabajo propio de Semilla Nueva empieza aquì: un programa de mejoramiento genético (breeding) que cruza las semillas de alto rendimiento con las variedades nutritivas hasta obtener una semilla biofortificada competitiva.
Producción y distribución
Semilla Nueva no vende directamente al agricultor, subsidia y da apoyo financiero a empresas semilleras familiares locales para que la produzcan bajo marca propia (por ejemplo, la marca FORTALEZA) y la vendan a precio reducido (Semilla Nueva, 2026; Appleseed, s.f.). El gobierno de Guatemala cofinancia parte de ese subsidio (cerca del 65% del subsidio en 2025) y la meta declarada es que el Estado asuma el subsidio por completo para volverlo sostenible sin depender de Semilla Nueva o de sus donantes (Semilla Nueva, 2026).
Útima Milla
El último tramo, cómo llega la semilla físicamente al agricultor, ocurre a través de agrodealers: tiendas de insumos agrícolas ya existentes, presentes en unos 78 municipios de Guatemala, donde el agricultor compra la semilla igual que compraría cualquier otro insumo (Semilla Nueva, s.f., vía GuideStar). Semilla Nueva no creó la red de distribución pero intenta generar demanda por su producto a través de capacitaciones: técnicos de campo en seis departamentos organizan días de prueba, parcelas demostrativas y degustaciones de sabor de tortilla, y los propios agricultores que ya compraron la semilla actúan como "embajadores" informales frente a sus vecinos (Semilla Nueva, Standard Report 2021; Appleseed, s.f.).
En 2022, este apoyo, marketing más subsidio, costó cerca de $19 por cada nueva familia alcanzada (Semilla Nueva, 2026), y en 2023 la semilla llegó a 24.578 agricultores, alrededor del 2% de los agricultores de Guatemala (Semilla Nueva, 2026).
La teoría de cambio apuesta a que ese incentivo, el rendimiento, no la nutrición, es el motor real de la adopción, y que la mejora nutricional se distribuye como subproducto entre quienes consumen el maíz (la familia del agricultor) y quienes lo compran en el mercado.
El programa mide tres tipos de resultado: nutrición (contenido de zinc, hierro y proteína del grano, y estimaciones de cuánta de esa mejora llega a la dieta de las familias productoras y consumidoras), ingresos y rendimiento (diferencia en producción y ganancias netas entre parcelas con semilla biofortificada y semilla convencional bajo el mismo manejo), y resiliencia climática (daños comparados en las mismas parcelas ante sequías, tormentas, plagas y enfermedades) (Semilla Nueva, 2026).
Evidencia de impacto
El sistema de M&E de Semilla Nueva combina dos instrumentos (Semilla Nueva, 2026). El primero son encuestas anuales a más de 500 agricultores para estimar a cuántas familias llegan las semillas, cuánto maíz biofortificado consumen en el hogar y cuánto llega al mercado. El segundo son parcelas contiguas: alrededor de 100 agricultores que siembran semilla biofortificada y convencional en la misma parcela bajo el mismo manejo, para aislar el efecto de la genética sobre rendimiento, resiliencia y contenido nutricional del grano. El diseño de parcelas contiguas es una aproximación cuasiexperimental razonable para medir diferencias de rendimiento y contenido nutricional atribuibles a la semilla, aunque la documentación pública no precisa si hay aleatorización en la asignación dentro de la parcela ni cuántos ciclos agrícolas sostienen las estimaciones vigentes.
Ninguno de estos dos instrumentos mide aún si el consumo del maíz biofortificado reduce la desnutrición, la anemia o el retraso en el crecimiento en las familias beneficiarias. Para ese salto, la organización se apoya en evidencia de terceros.
Evidencia de terceros
Dos estudios independientes anclan el argumento nutricional del programa. Gunaratna et al. (2010) es un metaanálisis de estudios aleatorizados que encontró que el consumo de maíz con proteína de calidad (QPM, la familia de maíz que cría Semilla Nueva), en lugar de maíz convencional, se asocia con un incremento del 12% en la tasa de crecimiento en peso y del 9% en la tasa de crecimiento en talla en niños de comunidades donde el maíz es el alimento base. Chomba et al. (2015), con un ensayo controlado aleatorizado en Zambia, muestran que la absorción diaria de zinc a partir de maíz biofortificado, si bien no difiere de la que se obtiene con maíz fortificado industrialmente, es significativamente mayor que la del maíz convencional. Ninguno de los dos estudios se realizó con la semilla específica de Semilla Nueva, el primero es una síntesis de estudios en varios países y el segundo se hizo con una variedad zambiana, por lo que constituyen evidencia de mecanismo biológico antes que evidencia del programa en sí.
Estudios propios
INCAP (2021) analizó la dieta de familias agricultoras que consumen el maíz de Semilla Nueva. El estudio no compara dos grupos distintos, calcula, a partir del contenido nutricional conocido del grano y del consumo reportado por recordatorio de 24 horas, calcula cuánto se habría cerrado la brecha de zinc y hierro de estas mismas familias si hubieran comido maíz convencional en lugar de biofortificado. Los resultados en zinc son notables: la brecha de deficiencia de los padres se redujo en 19 puntos porcentuales en promedio, de 21,9% a 2,9%, y entre las familias con deficiencia de zinc que compraron la semilla, 62% de las madres y 55% de los niños alcanzaron su ingesta diaria recomendada; entre las que recibieron la semilla de forma gratuita, la cifra fue 100% de las madres y 0% de los niños, aunque este último subgrupo tiene una muestra muy pequeña. Los efectos sobre hierro fueron mucho más modestos, reducciones de la brecha de apenas 2 a 6 puntos porcentuales según el grupo familiar. El estudio no evaluó proteína (INCAP, 2021).
Un estudio conjunto de Cornell e INCAP (2022-2023) es, hasta ahora, la pieza de evidencia más fuerte producida directamente por la organización: encontró que el maíz con alto contenido de zinc mejoró biomarcadores de zinc en sangre de mujeres y niños frente al maíz convencional; al cierre de esta reseña el estudio aún no había sido publicado en una revista revisada por pares.
Finalmente, un ensayo controlado aleatorio en curso con la Universidad de Colorado en Denver e INCAP (2024-2025, estudio "AMAIZING", registrado en ClinicalTrials.gov), el mismo que motivó la subvención de GiveWell, evalúa con isótopos estables cuánto hierro y zinc absorben niños de 10 a 14 años del altiplano occidental de Guatemala al consumir tortillas hechas con maíz biofortificado frente a maíz convencional.
La lectura de GiveWell
En junio de 2025, GiveWell otorgó una subvención de $175.212 para completar el análisis de las muestras de sangre del estudio de absorción de hierro de la Universidad de Colorado en Denver, después de que el financiamiento original de USAID (Development Innovation Ventures) fuera cancelado (GiveWell, 2025). Es, hasta la fecha, la evaluación externa más rigurosa disponible sobre el programa, y contrasta con algunas estimaciones que hace Semilla Nueva:
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GiveWell estima que el programa es actualmente entre 3 y 8 veces más costo-efectivo que las transferencias monetarias (el benchmark que usa para comparar oportunidades de financiamiento), por debajo de su umbral de 10 veces para recomendaciones de alta confianza.
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Asigna solo un 20% de probabilidad a que la biofortificación alcance ese umbral de 10 veces en el largo plazo, condicionado a que los costos caigan cerca de 35% y mejoras en el rendimiento de las nuevas semillas.
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Reconoce explícitamente que no cuenta con un modelo de costo-efectividad completo para biofortificación ni con una estimación del espacio para financiamiento adicional en el programa.
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La debida diligencia detrás de la subvención fue, en palabras de la propia GiveWell, limitada: la decisión debía tomarse con rapidez para evitar que las muestras de sangre ya recolectadas se degradaran.
Esta lectura contrasta con la cifra que Semilla Nueva reporta en su propio sitio: un costo por AVAD de $88 y una costo-efectividad 20x mayor que el de transferencias monetarias (Semilla Nueva, 2026). No encontramos, en la documentación pública disponible, una conciliación entre ambas cifras de GiveWell (3-8x) y las de Semilla Nueva (20x), lo que sugiere que dependen de supuestos distintos (posiblemente distintos años base, distinto tratamiento de los beneficios de hierro, o distinta valoración de los ingresos de los agricultores). Hasta que exista un modelo de costo-efectividad público y auditable que reconcilie ambas cifras, cualquier estimado puntual de rentabilidad de Semilla Nueva debe tratarse con cautela.
Discusión
Muchos supuestos
Semilla Nueva controla directamente un solo eslabón de todo el diagrama, el breeding que aspira a crear semillas con mayor rendimiento y nutrición. Para lo demás (distribución, ventas, consumo) depende de cadenas comerciales y comportamientos preexistentes: no vende directo al agricultor, sino que subsidia a empresas semilleras que ya venden a través de una red de agrodealers que tampoco construyó Semilla Nueva. Tampoco incentiva el consumo final de su semilla. El control parcial de toda la ruta de implementación implica que la teoría del cambio descansa sobre muchos supuestos. En este caso parecen ser supuestos muy robustos, pero puede que termine siendo una operación muy vulnerable a pequeños cambios que el programa no puede controlar.
Por ejemplo: Semilla Nueva trabaja con entre 1 y 11 semilleras socias. Si una sola de esas empresas decide dejar de comercializar la marca FORTALEZA, porque encuentra un producto con mejor margen, porque cambia de dueño o de gerencia, o simplemente porque la relación comercial se deteriora, una porción significativa de la cobertura actual en Guatemala podría desaparecer de un año a otro, sin que medie ninguna falla del programa en sí. Esa es una fragilidad que puede no estar incorporada en el sistema de monitoreo, pues siempre se refieren a las "empresas semilleras" como una categoría estable, cuando en la práctica son clientes que hay que convencer regulaemente.
Dependencia del subsidio
El riesgo más importante del programa es que el subsidio público se acabe. Al lograr que el subsidio venga del Estado guatemalteco, no es completamente claro si esto reduce el riesgo de sostenibilidad en 65% o lo aumenta en 65%. Pues los compromisos de nuestros Estados en el largo plazo tienden a ser poco creíbles.
En el caso de los modelos de desparasitación de Evidence Action o de prevención de malaria por la Against Malaria Foundation, parece haberse instalado la idea de que no hay problema con proveer los bienes públicos que el Estado no puede proveer, y por tanto casi el 100% de la financiación viene de filantropía. Acá puede estarse creando una lectura contraria, asociando subsidio estatal con sostenibilidad del programa, pero podría ser justamente lo contrario.
El riesgo real no pasa por involucrar o no al Estado. Es un poco más sutil. El problema es si el Estado se involucra con anualidades presupuestales (lo que pasa ahora con Semilla Nueva) o aportando su infraestructura existente (como pasa con Against Malaria Foundation). Lo segundo es mucho más eficiente porque no requiere un esfuerzo de lobby político tan grande y recurrente para buscar presupuesto. El hecho de que la desnutrición crónica en Guatemala lleve décadas declarada como prioridad nacional sin resolverse es un indicativo de que el compromiso político es difícil de alcanzar.
La medición de impacto
Las etapas agrícolas de cada vía (rendimiento, resistencia climática, contenido nutricional del grano) están bien medidas por el propio sistema de parcelas contiguas, pero la cadena de medición se rompe en el paso de "el grano es más nutritivo" a "las personas absorben esos nutrientes". En otras palabras, hay evidencia de mecanismo, mas no del impacto.
Ahora, si bien en ninguna de las cuatro rutas causales (ver teoría del cambio arriba) se llega a probar el impacto, si hay buenas razones para pensar que el programa está en camino de lograr estos cambios. Frente a impactos que se revelan en el largo plazo, como es el caso, es una buena práctica aspirar a la medición de marcadores de progreso que sugieran que vamos por el camino correcto.
Referencias
Los datos y análisis presentados se basan en informes y publicaciones referidos abajo.
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Gunaratna, N. S., De Groote, H., Nestel, P., Pixley, K. V., & McCabe, G. P. (2010). A meta-analysis of community-based studies on quality protein maize. Food Policy, 35(3), 202–210.
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Chomba, E., Westcott, C. M., Westcott, J. E., Mpabalwani, E. M., Krebs, N. F., Patinkin, Z. W., Palacios, N., & Hambidge, K. M. (2015). Zinc absorption from biofortified maize meets the requirements of young rural Zambian children. The Journal of Nutrition, 145(3), 514–519.
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Instituto de Nutrición de Centro América y Panamá (INCAP). (2021). Análisis dietético de familias agricultoras consumidoras de maíz biofortificado. Reportado en Semilla Nueva, Standard Report July–December 2021. http://semillanueva.org/wp-content/uploads/2024/11/Semilla-Nueva-Standard-Report-July-December-2021.pdf
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Cornell University & INCAP. (2022–2023). Efecto del maíz biofortificado con zinc sobre biomarcadores de zinc en mujeres y niños guatemaltecos (en proceso de revisión por pares). https://cdn.nutrition.org/article/S2475-2991%2824%2901673-1/fulltext
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Universidad de Colorado en Denver & INCAP. (2024–2025, en curso). Estudio AMAIZING: ensayo controlado aleatorio de biodisponibilidad de zinc y hierro en maíz biofortificado, niños de 10-14 años, Tecpán, Chimaltenango, Guatemala. ClinicalTrials.gov NCT06650397. https://clinicaltrials.gov/study/NCT06650397
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GiveWell. (2025, septiembre). Semilla Nueva, Iron Absorption Study (June 2025). https://www.givewell.org/research/grants/Semilla-Nueva-Iron-Absorption-Study-June-2025
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UNICEF, OMS y Grupo Banco Mundial. (2022). Joint Child Malnutrition Estimates (JME), edición mayo 2022. Prevalencia de retraso en el crecimiento (stunting), Guatemala. https://data.unicef.org/resources/dataset/malnutrition-data
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Milovich, J. Y., & Villar, E. (2022). Child undernutrition in Guatemala: aggravating factors and levers. So What? Policy Brief, N° 21, Chaire UNESCO Alimentations du Monde. https://www.chaireunesco-adm.com/21-Child-undernutrition-in-Guatemala-aggravating-factors-and-levers
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Organización Panamericana de la Salud (PAHO/OMS). (2026). Confronting child malnutrition through stronger primary health care in Guatemala. https://www.paho.org/en/stories/confronting-child-malnutrition-through-stronger-primary-health-care-guatemala
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GiveWell. (2017, marzo). Project Healthy Children / Sanku, March 2017 version. https://www.givewell.org/charities/project-healthy-children-March-2017-version
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Appleseed. (s.f.). Semilla Nueva, case study (desarrollo de la marca FORTALEZA y estrategia de distribución). https://appleseedimpact.org/semilla-nueva
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Semilla Nueva. (2026). Página de evidencia e impacto. https://semillanueva.org/es/evidence/
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Semilla Nueva. (2026). Página de estrategia de escalado (sección "Subvenciones en Centroamérica"). https://semillanueva.org/es/scale/